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Chiringuitos y hostelería de playa
Un chiringuito no se reforma como un local de calle. Manda el calendario de temporada y manda el mar.

En un negocio de playa la obra tiene una fecha límite que no se negocia: la apertura de temporada. Por eso planificamos hacia atrás desde ese día y concentramos el grueso del trabajo en los meses de menor actividad, con las fases ordenadas para que lo que bloquea la apertura —cocina, barra, aseos e instalaciones— quede resuelto primero.
Lo segundo que manda es el ambiente salino. A pie de playa, la madera sin tratar se abre, los herrajes se pican y los acabados de interior duran una temporada. Trabajamos con maderas tratadas para exterior, herrajes de acero inoxidable y sistemas de anclaje pensados para levante y poniente, no para un salón.
Y luego está lo que hace que un chiringuito funcione: el recorrido del camarero desde la barra hasta la última mesa, la sombra a las cuatro de la tarde, la luz cuando cae el sol y el ruido cuando el local se llena. Eso se decide con planos y con visitas a distintas horas del día, no con un catálogo.